RELIQUIAS MARÍA ANA MOGAS FONTCUBERTA

La Muy Antigua Hermandad y Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Villa del Río, recibió en el triduo del miércoles santo del año 2018 las reliquias de la beata María Ana Mogas Fontcuberta, por parte de la congregación religiosa de la Divina Pastora. Desde ese mismo momento las reliquias de María Ana Mogas presiden la capilla central del paso del cristo.

El mayordomo de la hermandad y la madre franciscana
colocan las reliquias de Maria Ana Mogas en el interior del relicario



María Ana Mogas Fontcuberta (Hostal del Lledoner, cerca de Granollers, 13 de enero de 1827 - Fuencarral, Madrid, 3 de julio de 1886), fue una religiosa, fundadora de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor. Se la venera como beata por la Iglesia católica.

Nace el 13 de enero de 1827 en el hostal de El Lledoner, (Granollers), (Barcelona). Era la tercera hija de cuatro hermanos. Sus padres eran Lorenzo y Magdalena que trabajaban en las tareas del campo y en la atención a viajeros en su casa - hostal. A principios de 1834, cuando ella contaba tan sólo 7 años de edad, fallece su padre. En 1840, inesperadamente también, muere su madre. Con apenas 13 años María Ana queda sola y marginada por lo que su madrina de bautismo, Dª María Mogas, viuda y sin hijos, se la lleva a Barcelona.

Estos años de adolescencia y juventud en la capital condal son años de crecimiento: formación cultural, madurez humana, vida de fe. Son parroquianas de la Basílica de Santa María, en donde participan activamente. María Ana, que desde muy joven sabe qué es el dolor, el sufrimiento, las lágrimas y la marginación, es solitaria y se configura como una joven compasiva que "ayuda a los pobres a escondidas de su tía". Fueron duros momentos en su infancia.

A finales de 1848 María Ana, que cuenta con 21 años, se entera de que dos capuchinas exclaustradas se dedican a ayudar a niñas pobres y que son un verdadero testimonio de vida franciscana. Se llamaban Isabel Yubal y María Valdés. Las orienta el P. José Tous, capuchino exclaustrado. Desde que las conoce siente que el Señor la llama a unirse a ellas.

Pero ni Mosén Gorgas -su director espiritual- ni su familia dan el consentimiento necesario. Serán necesarios unos meses hasta que su director espiritual le diga:

"María Ana, ¿sabes que te llama Él? Y se centró en Dios.

María Ana, el 13 de junio de 1850, contando con 23 años de edad, deja todo para seguir su vocación. Se dirige a Ripoll, donde las jóvenes capuchinas han abierto una escuela.

La realidad que María Ana encuentra es confusa. Las tensiones existentes ponen de relieve que hace falta encontrar otro estilo de vida.

Hay que nombrar responsable del grupo. Por unanimidad sale elegida María Ana Mogas. Un mes después, Isabel Yubal, consciente de que su verdadera vocación es la vida contemplativa, regresa al convento de clausura. En junio de 1851 -a sus 24 años- María Ana emite los votos de pobreza, castidad y obediencia como franciscana y queda al frente de la pequeña fundación.

En los años siguientes, a medida que se van incorporando nuevas jóvenes y se solicita su presencia en diversas localidades, se inicia lentamente la expansión: Capellanes (Barcelona, 1858), San Quirico de Besora (Barcelona, 1859), Barcelona (1862).

En 1865, María Ana llega a Madrid, Pozuelos, para abrir una nueva comunidad. Tras diversas tentativas, se instala definitivamente en la capital de España dedicándose plenamente a la educación cristiana de niñas pobres y desamparadas desde su condición de religiosas franciscanas. Distintas calles de la Villa y Corte irán albergando el lugar donde se sitúe la comunidad y el colegio.

La fundación de Madrid había sido ocasión de variados malentendidos de los que el P. Tous, para evitar preocupaciones y comentarios, no informa a las hermanas de Cataluña. Esto conducirá a un creciente alejamiento, agravado por la muerte del P. Tous en 1871. En 1872, momento de máxima distancia entre ambas zonas, unas y otras presentan, por separado y ya con significativas diferencias internas, nueva redacción de Constituciones, en un caso al obispo de Barcelona y en el otro al Arzobispo de Toledo.

La M. Mogas al frente de las hermanas de Madrid, centra ahora su acción en la configuración decisiva del Instituto. En medio de este proceso se van abriendo cada vez más casas a lo largo de la geografía española. La virtud y buen hacer de María Ana y sus hermanas es el reclamo para que varios prelados españoles las llamen a sus diócesis y, todavía en vida de la fundadora, cuando su salud física declina, su obra adquiere fortaleza y arraigo: Fuencarral (Madrid) con el colegio Sagrado Corazón, Córdoba (fundada para la atención de enfermos en sus domicilios), Toledo, Santander y otros pueblos abren sus puertas a la madre Mogas y a sus hijas.

Tantos acontecimientos, una vida tan intensa, no deja de pasar factura en la persona misma de la Fundadora: a sus 51 años (1878), se ve afectada por un primer ataque de apoplejía. Con ello se iniciará un gradual agotamiento del que nunca ya se recuperará totalmente, antes, al contrario, se irá agravando cada día más.

A finales de mayo de 1886, muy enferma ya, se retira a la localidad de Fuencarral, donde muere el día 3 de julio de ese mismo año a las 12 de la mañana. Tenía 59 años. Sus últimas palabras recogen abreviadamente toda una vida de fidelidad, de entrega y constituyen un auténtico tesoro espiritual para el Instituto: "Amaos, caridad verdadera. Amor y Sacrificio".

Se la encontró en el Colegio Sagrado Corazón al lado del pozo del colegio, muerta. La enterraron en la capilla del colegio. Años más tarde la entierran en el cementerio.

Profundamente afectados por semejante pérdida, cuantos la conocieron decían "ha muerto una santa". La Iglesia reconoció ese clamor cuando, el 6 de octubre de 1996, fue beatificada María Ana por el papa San Juan Pablo II, quien estableció que la fiesta de la nueva Beata se celebre el 6 de octubre.